La pubertad es un momento especialmente importante, tanto en el desarrollo de nuestra autoestima como en el de nuestra sexualidad, y va a ser muy significativo el papel que nuestros familiares y amigos jueguen a la hora de aceptar, reafirmar o despreciar esos cambios físicos que nos asalten.
En este momento en que aparecen las primeras relaciones sexuales, con uno/a mismo/a y con los/as demás, el aprecio o desprecio que sintamos hacia nuestro propio cuerpo va a influir dramáticamente en la seguridad con la que entablemos y mantengamos relaciones sociales, y en la manera de acercarnos a esas otras personas que empiezan a emerger como nuestro objeto de deseo.
La no aceptación de nuestro cuerpo también afecta a muchas mujeres que hablan despectivamente de sus genitales
("son feos", "huelen mal"). Queda claro que estas afirmaciones no se corresponden con una aceptación y estima de los genitales, y que ésta va a redundar en una serie de dificultades a la hora de mantener unas relaciones sexuales satisfactorias. Asimismo, esta actitud también influye en que estas mujeres no practiquen el sexo oral, cayendo así en un reduccionismo de las conductas sexuales que termina, en la mayoría de las ocasiones, en un "coitocentrismo".
Otro problema que genera la baja autoestima a la sexualidad es la creencia de que "yo no soy un/a buen/a amante". Las conductas sexuales, como el resto, se aprenden; sin embargo es más fácil que una persona con una buena autoestima se "arriesgue" a probar nuevas conductas que otra con una baja autoestima.
Y una vez que sabemos qué es lo que nos gusta, surge otro problema: ¿como se lo decimos? Si me atrevo a contarle lo que me gusta, lo que no estoy dispuesto/a a hacer, mis deseos, mis fantasías, es porque no temo que la impresión que tenga mi pareja al oirme, dañe mi autoimagen.
Por otro lado, en la práctica de la sexología vemos a diario como la baja autoestima está en la base de muchas de las disfunciones sexuales que hemos de tratar.
La anorgasmia femenina parte de un desconocimiento de los propios genitales y de la forma de estimularlos. También existen casos de bajo deseo sexual que se originan tras cambios drásticos en la autoimagen física: embarazo, cirugía, mastectomía o simplemente un aumento de peso.
Sin embargo no solo las mujeres son víctimas de su autoestima y de la presión
social. En el caso de los hombres, los problemas de erección dañan su ego hasta límites insospechados: su autoestima general se viene abajo, ensombreciendo, asimismo, las dificultades en el terreno social y laboral.
En otro de los problemas sexuales masculinos de mayor consulta, la eyaculación precoz, sucede algo similar. El varón se siente vulnerable por no ser capaz "de ejercer suficiente control", por "no ser un buen amante y satisfacer a su pareja". Y en ocasiones, prefiere eludir las relaciones sexuales.
En una persona que tiene una buena autoestima surge de una manera natural la curiosidad y el deseo sexual.
(Gaceta de psicología: "artículos científicos". Autora Carmen Castilla Cañas)
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