Anorexia entre jóvenes y adultos


EL FINAL DEL VERANO DESTAPA UN AUMENTO DE CASOS DE ANOREXIA ENTRE JÓVENES

Las pacientes empiezan a restringir la comida en primavera y los padres descubren el problema en los meses estivales, lo que hace que soliciten ayuda especializada en otoño. El trastorno se extiende ahora entre mujeres de alrededor de los 30 años que no acepta su cuerpo tras la maternidad.


"Cuando mi hija se mira al espejo no se ve como realmente es: un esqueleto andante. Ella dice que está gorda". Esta frase pronunciada por la madre de una chica de 17 años que padece anorexia nerviosa, demuestra el calvario que pasan las familias que se enfrentan a diario a los efectos de este grave trastorno de alimentación. Los casos de esta enfermedad se manifiestan en cualquier época del año, pero es después del verano cuando se produce un aumento en las peticiones de consultas especializadas para combatir la anorexia.


En los meses estivales, debido al calor, es más complicado ocultar la excesiva delgadez y el deterioro físico utilizando mucha ropa. Eso hace que a los padres les resulte más fácil darse cuenta de que la pérdida de peso de sus hijas (la mayoría de las personas afectadas por la anorexia son mujeres) no es normal, que detrás hay algo mucho más importante que querer un cuerpo bonito y sin grasa. Los progenitores, alarmados e impotentes para resolver por sí solos el problema, recurren a ayuda médica y psicológica para combatir la enfermedad que aqueja a sus hijas y que les va minando cada vez más la salud, según explicaron los expertos en este tipo de trastornos alimentarios.


"Es muy frecuente que a finales de septiembre y comienzos de octubre se incrementen las peticiones de consulta para tratar casos de anorexia y bulimia" indicó el responsable de salud mental infantil y juvenil del Hospital Regional Carlos Haya, el psicólogo Manuel Herrera.

Este especialista comentó que la conducta de dejar de comer para adelgazar suele presentarse en muchas ocasiones en primavera, pero no es hasta el verano cuando salta la alarma entre las familias al ver que la delgadez de la chica ha sobrepasado ya los límites que pueden considerarse normales en un régimen de adelgazamiento. En primera instancia, los padres tratan de convencer a su hija de que se está deteriorando físicamente, pero ella se sigue viendo gorda y no hace caso a los consejos.


Impotencia y angustia

La sensación que embarga a los padres es de impotencia y angustia al no saber qué hacer para ayudar a su hija. "Es muy duro para la familia observar cómo un ser querido va deteriorándose física y psicológicamente por culpa de la anorexia. Eso provoca una carga emocional muy fuerte y crea mucha tensión" afirmó la psicóloga de la asociación en defensa de la atención a la anorexia nerviosa y bulimia (ADANER), Sara Herrera.

La psicóloga reseñó que cuando los padres llegan a los grupos de terapia que ofrece ADANER están totalmente hundidos. Por su parte, lo que dicen las enfermas cuando los especialistas les preguntan es: "Mis padres me quieren cebar. Yo estoy gorda y por eso quiero adelgazar". Sin embargo, están muy delgadas y esa pérdida de peso provoca serias secuelas de salud.


Distorsión de la realidad

"Estas chicas no se ven como son en realidad. Ellas al mirarse al espejo aprecian una realidad distorsionada" señaló Sara Herrera.

Aunque la anorexia nerviosa y la bulimia se asocian a la adolescencia y juventud, está habiendo un aumento de casos en mujeres de entre 25 y 35 años que no aceptan los cambios después de un embarazo. A medida que pasan los meses después de haber tenido un hijo estas mujeres empiezan a sentirse mal con su cuerpo y a adelgazar por todos los medios, manisfestó el presidente de ADANER, Eduardo Oblaré.

Para el psicólogo Manuel Herrera, en los últimos dos o tres años está habiendo un descenso de lo que se conoce como anorexia social, es decir, la que está provocada por las influencias de la sociedad: la moda y el culto al cuerpo delgado.




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